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Rutina

Su voz

nunca fue escuchada

y no era un lamento

no

no era una súplica

no

 

era un silencio

inmenso.

 

Transcurrido

el Tiempo

(y aun callado)

sus ideas fueron comprendidas.

 

Era su palabra

el único

mensaje

verdadero

de Paz.

 

Finalmente

habló

 

y en el ejercicio rutinario

del escucha

                  la solidaridad

fue tal

que

nunca

nadie

le volvió

a oír.